22 may 2016
19 may 2016
Amor, y otras maneras de suicidarse.
Morir de amor, amor,
Y amarte
Durante las horas de mi noche y día.
Desde ahora,
Hasta la muerte
O, desde ahora
Hasta el fin de esta,
Mi dulce agonía.
Por: Sandra Manzano.
Haz que no parezca amor por Roy Galán.
Haz que no parezca amor.
Que es lo que se lleva ahora.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el
instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está
desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro
físicamente de otro ser humano.
Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de
relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida.
Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más
altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada dos años
vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico
fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos,
poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te
hacen?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad nuestra ha conseguido
invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto.
Muy arriesgado.
Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca amor.
Y que simplemente parezca un accidente.
Autor: Roy Galán
20 feb 2016
¡Cuánta falta me hacía estar conmigo!
Sí, en esta soledad donde sólo hay paz.
No hay dramas, todo es tranquilo... No hay que dar explicaciones de nada, pues nadie las necesita y sólo se puede descubrir y disfrutar el silencio.
Tiene un halo mágico, o algo así, qué se yo... Sólo sé que la hace brillar.
Quizás sea él, el que llene sus días con un toque de color melancolía, pero los llena sea como sea y, curiosamente, es hermoso pues los hace especiales.
Pero es que, me siento realmente bien. Con ella no existe el vacío, ya que la soledad no es estar solo. Siempre ando con ella, y conmigo... ¡Y cuánta falta me hacia estar conmigo! ¡Cuánto me podía echar de menos!
Durante años, descuidé demasiado mi querida soledad. La dejé abandonada y marginada sin ofrecerle importancia alguna pues, en el fondo, me horrorizaba, como a todo aquel que mira pero no ve. Hasta que supe mirarla, verla y observarla de la manera en la que merece, hasta que la comprendí.
Desde entonces sentí que la soledad es como subir a la cima de la montaña más alta e inspirar hasta que no quepa más oxigeno en tus pulmones, soltándolo de golpe, en un silencioso grito que sólo tú puedas oír, que sólo a ti te calme, te desahogue. Que te llegue a conectar contigo mismo.
Porque al final la soledad, es eso, un desahogo, un contacto, un respiro, una parada y un importante y necesario descanso del alma, con el que tu interior finalmente contacta contigo diciendo: "Vale, ya estás listo. Hemos arreglado las cicatrices, el desorden y tus destrozos, ahora, puedes continuar."
Atte. Sandra
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4 feb 2016
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